lunes, 11 de mayo de 2009

Niños que aprenden a hacer televisión

Niños que aprenden a hacer televisión:
experiencia en Venezuela
Jacqueline Sánchez Carrero
Universidad de Sevilla
(España)
jackysa@hotmail.com
Cuentan los expertos en medios de comunicación que transcurría
el año 1926 y era primavera, cuando un escocés llamado John
Logie Baird logró transmitir la imagen de un muñeco de ventrílocuo
de una habitación a otra en unos grandes almacenes de Londres.
Está claro que cuando Baird consiguió que en aquella pantalla de la
diminuta estancia oscura se viera la temblorosa imagen de la cara
del muñeco, no imaginó a donde iría a parar tal experimento.
Es curioso que fuera aquel ensayo el que marcara el nacimiento
de la televisión, aunque el invento se oficializara años
después. Se transmitió la imagen de un muñeco, posiblemente pensando
en que aquella figura podría hacer gracia a padres e hijos, por
supuesto. Ya en los años 50 del que podríamos llamar siglo pasado,
las familias del mundo han contado con este nuevo miembro en sus
hogares. La televisión, aparte de constituir una industria, de ser un
medio de comunicación, es compañía y sobre todo entretenimiento.
Sin embargo, y a pesar del tiempo que ha pasado, pocas sociedades
han logrado iniciar y desarrollar seriamente lo que algunos denominan
la alfabetización audiovisual dirigido a los niños y jóvenes. Es
decir, la educación dirigida a aprender a ver cualquier documento
audiovisual, especialmente si nos referimos al emitido por la
televisión puesto que tiene sus características propias.
Haciendo un poco de investigación reflexiva pensamos que la
enseñanza de la técnica unida a la instrucción de cómo aprender a
ver televisión podría resultar interesante y llamativa si la recibían
niños. Es por ello que iniciamos una experiencia relacionada con la
alfabetización audiovisual infantil dirigida desde una televisión
regional privada en Venezuela. Comenzó en 1997 instruyendo a un
grupo de chicos entre nueve y doce años de edad, y se extendió
durante unos años después debido a que los mismos niños que iniciaban
los talleres se negaban a que finalizaran pues constituyeron
un reto para ellos que combinaba aprendizaje y juego.
Los pequeños lograron escribir guiones, manejar cámaras y
realizar los montajes de relatos cortos sobre temas de ficción
creados por ellos mismos. Por otra parte, aumentó el grado de análisis
y de capacidad crítica de diversos géneros televisivos tales
como películas, dibujos animados y anuncios publicitarios. Sus
padres nos confesaban que sus hijos habían cambiado como
televidentes y que discutían con los demás miembros de la familia
los programas de televisión. En conclusión, fue una hermosa
experiencia que nos dejó llenos de ese entusiasmo que sólo los
niños pueden transmitir y sobre todo, con la certeza de lo útil y necesaria
que puede llegar a ser la alfabetización audiovisual en nuestros
días.
Hace unos siete años comencé a preguntarme si sería
posible realmente hacer mejores telespectadores. Trabajaba
en ese entonces como responsable de programación y
producción de una televisión en Venezuela, una estación
regional privada que transmite su señal a varias ciudades del
país. En cada reunión se nos preguntaba: ¿Qué quiere ver la
gente en Televisión? Como paso previo estaba el análisis de
las mediciones de audiencias y la definición de las tendencias.
Me parecía lo que efectivamente era, un círculo vicioso: por un
lado, hay que hacer los programas que la gente quiere ver y
por el otro, la gente ve los programas que hacemos. Es decir,
los numeritos del rating y share nos favorecían mientras dedicáramos
un valioso tiempo a los concursos con jugosos premios,
los cotilleos de farándula y por suerte, también a actividades
deportivas como el fútbol. Digo «por suerte», porque
era lo más inofensivo en el abanico de realidades. Sin embargo,
el público infantil poco importaba, y eso, lamentablemente
no ha variado mucho.
¿Por qué no importa el televidente infantil?, ¿En qué
piensan los creadores de los programas para niños? ,¿Por qué
los chicos ven muchos de los programas pensados para los
adultos sin que nadie lo remedie? No es fácil responder a
ninguna de estas inquietudes, pues depende de la realidad de
cada país y por supuesto del momento al cual hagamos
referencia. Lolo Rico autora de El buen telespectador apunta:
«Las audiencias se miden y declaran que hay varios millones
de telespectadores que ven programas de escasa calidad y
grandes dosis de estupidez. Mi opinión es que no los ven
porque les gusten, sino por la mala utilización del propio
medio» (Rico, 1994: 91). Y más adelante cita: «Conviene
hablar mucho de la televisión con los niños (...) analizándolos
de todos los puntos de vista que se nos ocurran» (Rico, 1994:
199).
Pero no fue esto lo que impulsó mi curiosidad por investigar
ese campo, sino el libro de Pérez Tornero El desafío
educativo de la televisión. Y yo, trabajando en una televisión,
no había conseguido descubrir, sobre todo aprovechar, el
desafío educativo del mismo medio. Acoto todo esto porque
fue así como me propuse sacar provecho de mi situación
directiva y de producción en aquella empresa televisiva para
introducirnos experimentalmente en un nuevo campo: la alfabetización
audiovisual infantil.
A conciencia de que entraba en un campo controvertido
pues existen diversos criterios que diferencian educación
audiovisual de alfabetización audiovisual, de la mediática y de
enseñanza en los medios, merecía la pena proseguir. Logré
rodearme de gente que creía en mi pequeño proyecto, redefinimos
conceptos y juntamos a un grupo de niños entre 9 y
12 años para conformar con ellos una experiencia: enseñarles
a hacer vídeos pero no sin antes instruirles en cómo ver la
televisión críticamente. Al final de esta práctica, casi un año
después, estábamos tan entusiasmados que repetimos el
ensayo los años siguientes hasta mi partida para este país, en
el año 2000.
Deseo compartir con ustedes parte de dos de las
vivencias que he tenido con niños venezolanos en relación con
la televisión y la educación. Entraré en algunos detalles
curiosos para que comprendamos el grado de entusiasmo, de
comprensión que pueden llegar a desarrollar los chiquillos ante
el descubrimiento del mundo audiovisual.
En el primer caso, transcurría el año 1997, razón por la
cual el grupo de niños se autodenominó «Grupo TV 97». La
idea era enseñarles las claves principales de la lectura crítica
del audiovisual, a escribir historias para la televisión y,
además, la parte técnica del medio, es decir, cámara, sonido e
iluminación, y también el montaje. El grupo tuvo la oportunidad
de pensar en un tema y escribir las historias; adaptar las
historias para poder grabarse en vídeo y después pensar en
las actrices y actores, pues ellos estarían a cargo de la parte
técnica y creativa, más no de la parte actoral; no era la
finalidad de la investigación.
El proceso fue entonces básico: cada uno leía su guión
y, luego de enseñarles las claves, se procedía a hacer la crítica
colectiva. Entre los primeros guiones recibidos como historias
cortas estuvo el de Iván (12 años) llamado «Epidemia». David
Leonardo (9 años) nos sorprendió con una entrega completa
de la historia «Las Aventuras de José y Carlos», elaboró el
guión literario, el desglose del guión y el guión técnico en
forma de story board. En las siguientes sesiones y por votación
ellos mismos eligieron, según su juicio, lo que consideraron,
los tres mejores guiones, basados en temas libres: el
de Andrés Alirio (12 años) «Qué tan peligroso puede ser un
mosquito»; el de Loreana (11 años) «Los perros y yo»; y el de
Victoria (11 años) «La casa fantasma». Al momento de las
proposiciones sobre temas nuevos para el guión final, Pedro
Pablo (10 años) sugirió muy seriamente la Ecología, argumentando
que las televisiones no se preocupaban por ello;
recibió el apoyo de sus compañeros. Este tema competía con
otro también muy votado «Conflicto entre Hermanos». Victoria
parecía vivir un verdadero conflicto entre hermanos pues al
preguntarle por qué proponía ese tema con tanta insistencia
contestó muy seria: «Yo sé como es la vida...»; tenía una
hermanita 5 años menor.
Pasados unos meses el trabajo de Mariana, de 10 años,
ganaba por votación; su guión «Ecologista de Corazón» fue el
escogido para ser grabado con todas las de la ley. El proceso
siguiente fue realizar una especie de «tormenta de ideas» para
tratar de adaptar el guión a una forma totalmente realizable
ya que hablaba del mar, de buceo, entre otros aspectos. Se
recibieron varias propuestas de solución: viajar al Lago de
Maracaibo, utilizar imágenes de archivo del mar o cambiar el
mar por un río. Por último escogieron la segunda opción: la
videoteca de la televisión para no desvirtuar la idea original de
Mariana; aunque muchos se decepcionaron por no poder viajar
al Lago de Maracaibo y grabar. Como ya se había elegido la
historia definitiva, fue indispensable desarrollar el guión
literario y el guión técnico, y de esto se encargaron los niños.
Aquí se necesitó también pensar en detalles como la
elaboración de un presupuesto, el casting o el diseño de
vestuario y la escenografía para cada una de las escenas, así
como la ubicación de las localizaciones y en general el plan de
grabación para definir en qué orden y en qué fechas se grabarían
las escenas. Los mismos niños dibujaron lo que sería el
vestuario y la ambientación, al igual que dedicaron tiempo de
sus actividades cotidianas para conseguir la utilería requerida.
Luego ensayaron a los actores, los maquillaron y montaron
la iluminación en el set elegido para comenzar, les
ayudamos con los focos por razones de peso y de fragilidad
del material. Después de cada jornada de trabajo se reunían
para corregir los errores y escuchar los comentarios de la
experiencia vivida. Grabaron ellos mismos con las cámaras
que les facilitamos convirtiéndose en responsables de los
planos y del sonido. Para el proceso de postproducción el
primer paso fue visionar todas las cintas grabadas y escoger la
música. Asimismo, seleccionaron las voces que serían grabadas
en off para darle más realismo al vídeo. Lo siguiente fue
editar por corte directo todas los audios y luego, sobre éste,
las imágenes. Más tarde se incluyeron los efectos especiales e
insertaron los créditos correspondientes; con esta etapa de
postproducción finalizaron las actividades de «Cómo aprender
a ver y a hacer televisión». Este primer proyecto salió al aire
con aprecio de los educadores y de los padres que integraban
parte de la audiencia.
Nos llamó la atención en esta primera experiencia el
guión «Ecologista de Corazón». Parecía que los niños no
podrían escribir guiones, pero nos equivocamos. El tema
seleccionado por esta niña aborda el temor de una sociedad
futura víctima de la contaminación. El punto curioso es que
ella no planteó el problema con respecto al medio geográfico
que le rodeaba (zona andina, montañosa de Venezuela), sino
que proyectó su preocupación hacia el mar, pensando incluso
que podría desaparecer al pasar los años. Otro punto interesante
en el guión es el recurso del flash-back que utiliza en la
narrativa adaptada a su estilo. Sin conocer mucho de las técnicas
literarias, la niña recurre al recuerdo para constituir la
base primordial de todo el relato, un pasado que la protagonista
rememora desde el año 2080.
En cuanto a los personajes principales caracteriza a
Bárbara, como una joven que reflexiona ante el legado de su
bisabuela, la doctora Isabel Smith, a quien describe como una
mujer que luchó contra el descuido humano del deterioro
ambiental. El ambiente que rodea a los personajes está
relacionado con los tiempos pasado y futuro: Bárbara en la
atmósfera supuesta del año 2080 y la Dra. Smith, su bisabuela,
ubicada en el presente y amante de las bondades del mar.
Mariana emplea un elemento clave que relaciona toda
la historia: un diario escrito por la Dra. Smith en el cual relataba
sus experiencias como defensora del ambiente, especialmente
del mundo marino. Este diario, conservado por su
bisnieta Bárbara, es el motivo de reflexión que hace posible .la
historia.
Utiliza además los recursos literarios narración, descripción
y diálogo casi por igual. Es de destacar el buen uso del
lenguaje para llevar la idea a un guión de televisión. Los
diálogos están perfectamente ubicados lo cual facilitó la
elaboración del desglose del guión literario y el guión técnico.
La última frase del guión «Me hubiera gustado conocer el mar»
surge en un final casi nostálgico que invita a meditar frente al
daño ambiental que hace el hombre desde hace muchos años
al planeta en general.
El segundo caso que quería mencionar fue el último que
produjimos en 1999; otro grupo de chiquillos realizó un nuevo
guión, esta vez menos profundo, lo llamaron «Estrellita y su
amigo imaginario», un cuento cuyo historia es el de una niña
que debe dejar marchar a Loquis, su amigo imaginario, para
que haga feliz a otro niños.
Este guión lo desarrolló María José, de 10 años. El argumento
de la amistad prevaleció en el desarrollo del tema.
En este caso la guionista utilizó la organización narrativa tradicional:
planteamiento, nudo y desenlace; empleó la tercera
persona y también el tiempo pasado. Sin embargo, al concentrarse
en la historia descuidó la descripción del ambiente y los
personajes. Enfrentaron este problema inventando soluciones
al momento de hacer el desglose del guión, el guión técnico y
por supuesto el diseño del vestuario y de la escenografía.
El interés del grupo no solo quedó allí, estaban deseosos
de volver a repetir la experiencia y nos propusieron
realizar una extensión del cuento ya producido o cualquier otra
historia que les hiciera tomar las cámaras, grabar y regresar al
ordenador donde quedaron aún muchas cosas por aprender.
Al terminar el primer taller, logramos que los niños
reconocieran los elementos esenciales de la lectura crítica de
televisión. Catalogamos como «suficientemente crítico» a
aquél que reconoce los elementos narrativos y las técnicas
esenciales de un programa de televisión, además, identifica la
intención del director y propone nuevas combinaciones y relaciones
entre los elementos de un programa. Al ingresar a los
talleres, un 25% de los niños era suficientemente crítico, un
41% medianamente crítico y un 34% simplemente fue no
crítico.
Al finalizar los talleres estos porcentajes aumentaron,
por ejemplo en los géneros televisivos detallamos lo siguiente:
en Películas un 41,6% de los niños fue suficientemente crítico;
en dibujos animados y anuncios publicitarios resultó un 66.6%
suficientemente crítico y en telenovelas, género muy visto en
Venezuela, un 83.3% tuvo igualmente una lectura suficientemente
crítica. Esto demuestra el grado de comprensión crítica
y análisis que desarrollaron los niños en los talleres. Otro
aspecto evaluado fue su capacidad creativa en términos de
ideas para televisión, se pudo notar que sólo el 16,6% de los
niños al iniciar los talleres era innovador, mientras que al
finalizar el porcentaje aumentó a un 50%. Vimos que a
medida que se introducen en un mundo que les atrae y les
divierte aumenta su posibilidad de pensar formas nuevas para
ser aplicadas.
Después de esos talleres los padres observaron a sus
hijos con actitudes críticas ante el medio. Argumentaban: hablan
en términos técnicos (41.6%), critica y analiza los contenidos
(54.54%), reconocían la fantasía de la realidad e incluso
les explicaban lo aprendido a otros miembros de la familia.
Cerca del 60% de los padres sostuvieron que los niños después
de los talleres captaban la intención del director del
programa porque así lo manifestaban y discutían.
Si existe algún punto trascendental y digno de destacar
en esta investigación, aparte de la experiencia que significa
trabajar con los niños y el vídeo, es la certeza de que éstos
tienen la capacidad de desarrollar ideas audiovisuales por sí
solos, desde la versión original hasta el montaje; por otra
parte, tuvimos la convicción de que pueden desarrollar una
Lectura Crítica, al menos en su forma primordial, aplicable a
programas, películas, dibujos animados e incluso a anuncios
de televisión.
El niño de por sí es crítico, cuando al niño se le limita la
información la busca por curiosidad, a como dé lugar, lo que
sucede es que no sabe cómo utilizar esa actitud, para convertirla
en una capacidad de decisión ante el medio televisivo. El
objetivo era entonces añadirle a este componente crítico, la
técnica. Pertenezco al grupo que piensa que sin la enseñanza
de una lectura crítica audiovisual no merece la pena educar en
los aspectos técnicos audiovisuales porque se desvirtúan los
fines. Mucho se ha escrito en ambos sentidos: lectura crítica y
técnica. Sirva lo siguiente sólo como muestra:
Cary Bazalgette, en Los medios audiovisuales en la
educación primaria, transmite una bonita experiencia que vivió
a inicios de los 90 con los niños de tercero y cuarto curso de
primaria en un colegio del norte de Londres, utilizando la
cámara de vídeo. François Mariet en Déjenlos ver la televisión
(1993) habla de el oficio de ser un niño telespectador, sostiene
que los adversarios de la televisión son simplemente los que
no saben aprovecharla. Roxana Morduchowicz en A mí la tele
me enseña muchas cosas (1999) describe su experiencia en
Buenos Aires con un grupo de chicos de sectores populares
asegurando que consiguieron que hasta los estudiantes más
vagos se entusiasmaran con las clases sobre los medios:
desconstruyeron significados y problematizaron los discursos
establecidos. En un artículo suyo publicado en Cuadernos de
Pedagogía (2002) fortalece esta idea al mostrarnos un festival
también en Argentina donde los chicos escriben relatos para el
medio televisivo. Joan Ferrés en Televisión y educación destaca
la necesidad de la formación de espíritu crítico ante la TV:
«Educar para la reflexión crítica supone ayudar a tomar distancias
respecto a los propios sentimientos, saber identificar
los motivos de la magia, comprender el sentido explícito e
implícito de las informaciones y de las historias y sobre todo
ser capaces de establecer relaciones coherentes y críticas
entre lo que aparece en la pantalla y la realidad del mundo
fuera de ella» (Ferres, 1999: 106).
Es importante que los padres vean televisión con sus
hijos, pero atendiendo a la realidad que muchas veces imposibilita
verla juntos, es conveniente que los chicos conozcan
sus capacidades y desarrollen sus destrezas críticas ante la
televisión. De allí que la familia y la escuela deben reforzar
constantemente el uso y ese espíritu crítico de los niños ante
la televisión y también hacia otros medios de difusión.
La pregunta que me hacía hace siete años, tiene una
respuesta aunque no concluyente: sí es posible ir formando
nuevos telespectadores. A la televisión le queda muchos años
de vida, aún cuando cambien formatos y formas de emisión;
son los contenidos los que tienen que mejorar y para hacerlo
es imperante prepararse y codearse con los medios. Nuestros
niños constituyen la generación que producirá la Televisión del
mañana, más aún, la que diseñará los medios de comunicación
que poco podemos imaginar. Y aunque todo se aprende
con los años, más nos vale por ahora, enseñarles los secretos
de la televisión a estos chicos lo mejor posible.
Tal como esbozó con una sonrisa hace poco Chicho
Ibáñez Serrador al finalizar un seminario efectuado en Sevilla
sobre el audiovisual: «La televisión es una maravilla». Es lo
que pensamos quienes hemos trabajado en ella y conocemos
de sus potencialidades y posibilidades de cambio, de transformación.
No olvidemos que «Conocer el truco, no disminuye la
magia», tal como afirma Ferrés.
Referencias
BAZALGETTE, C. (1991): Los medios audiovisuales en la educación
primaria. Madrid, Morata.
BORREGO, C. (2000): «Perspectivas sobre la alfabetización
audiovisual», en Revista Investigación en la Escuela, 41; 5-20.
FERRES, J. (1999): Televisión y educación. Barcelona, Paidós.
MARIET, F. (1993): Déjenlos ver la televisión. Barcelona, Urano.
MORDUCHOWICZ, R. (2001): A mí la tele me enseña muchas
cosas. Buenos Aires, Paidós.
MORDUCHOWICZ, R. (2002): «Cuando los niños escribe ficción
para la televisión», en Revista Cuadernos de Pedagogía,
317; 30-33.
PÉREZ TORNERO, J.M. (1994): El desafío educativo de la
Televisión. Barcelona, Piados.
RICO, L. (1994): El buen telespectador. Madrid, Espasa.

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